miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mañana será otro día

No me puedo creer que mi propio hermano me haya quitado el regalo y a Matilde, la única chica que me ha gustado de verdad. Si es que de bueno, soy tonto. Ya está bien de ser el bueno, ya estoy harto de aguantar. Hoy he explotado con el pitufo, el pelo cohete y he descargado mi ira contra él. Como consecuencia he sido enviado a la sala de meditación y aquí estoy pasando la tarde. A eso del fin de la tarde, cuando el sol se está poniendo, la puerta se abre. Me giro para ver quién viene y es Falconetti, el dire.
-Vaya, vaya. El hermanito bueno ha venido de visita...-dice sonriendo y con ironía.
-¡Pues no he venido a quedarme!
-Mira hijo: en todas las familias hay una oveja negra. Deja que tu hermano se quede ese puesto.
-¡Si estoy en este colegio es porque también soy malo!
-¡Anda! No digas tonterías. Todos sabemos que vas a remolque de tu hermano.
-¡Él es un zoquete y un cabeza hueca! Yo soy el que piensa.
-Ya...
Le miro con odio porque no me cree y se ríe de lo que estoy diciendo. Va a tener razones para creerme.
-¿Qué quieres que haga para demostrártelo? Puedo insultar sin que se den cuenta... ¿Y sabes qué? ¡Que paso de ti y de tus estúpidas reglas!
-Cuidadito con el lenguaje...
-¡Te lo dije!
-Esto no va contigo, chaval.
-¿Y tú qué sabes? ¡No me conoces!
-Te quedas hasta mañana aquí para que recapacites.
Le miro con una media sonrisa como diciendo que me da igual. Falconetti se da la vuelta para salir. Me mira por última vez y sale cerrando la puerta. Me he quedado de nuevo sólo, pero me da igual. Ni él ni nadie me van a hacer callar. Me siento en el suelo y dejo que el sueño me invada. Me tumbo en el suelo buscando la postura más cómoda para dormir. Mañana será otro día.
 
Zipi y Zape y el club de la canica, versión


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