Avanzamos por el recoveco donde oigo el lamento. El sonido se va haciendo cada vez más fuerte, más audible.
-Ya lo oigo.
Avanzamos con paso inseguro, con miedo a lo que nos vamos a encontrar. Llegamos al final de la pequeña cueva, no hay salida. Vemos una figura agachada vestida de blanco, llorando. Nos acercamos poco a poco.
-¿Hola?
-¿Estás bien?
Levanta un poco la cara y podemos comprobar que es una niña de unos 6 ó 7 años. Viste una túnica blanca y está llorando. Nos mira con unos enormes ojos azules que están empañados en lágrimas. Nos mira asustadas, con miedo.
-No tengas miedo, txiki.
-No te vamos a hacer daño. ¿Por qué estás aquí sola?
La niña se levanta y se acerca a nosotras. Nos tiende una mano. Nos miramos recelosas, pero pensándolo bien sólo es una niña y nos querrá enseñar algo o que la acompañemos a donde su madre o algún familiar. Lo que no sé es lo que hacía aquí sola. Se acerca un poco más ofreciendo su mano. Nos miramos entre nosotras. Le doy la mano a la niña. Ofrece su otra mano y Silvia se la da al ver que se trata de una inocente niña. Empezamos a andar en cuanto la niña se empieza a mover. Parece que se conoce las cuevas de memoria. Apenas mira por donde va, pero se mueve con mucha soltura. Llegamos al final de la cueva donde hay una puerta. Nos suelta las manos y la empuja abriéndola. Se gira para mirarnos para que la sigamos. Debe ser su casa o el museo que hay cerca de la cueva que aparece en el mapa. Espera! ¿He pensado su casa? ¿Cómo va a vivir una niña al lado de una cueva? Este lugar debe estar lleno de humedades. La seguimos por la habitación que parece el salón y continuamos por un pasillo. Llegamos a otra puerta que la niña abre sin dificultad. Parece una cocina y vemos a una mujer mayor con una rana y a una mujer de espaldas frente al fogón.
-Ama, amona! Hemen nago eta neska hauek ekartzen ditut. (Madre, abuela! Estoy aquí y traigo a estas chicas).
Su voz es suave y dulce. Es la primera vez que la oímos porque en todo el camino no ha dicho ni una palabra. La mujer que está en el fogón se gira y nos mira. La miramos con cara de incredulidad.
-Vane, ¿no es...?
-Yo creo que sí, pero no sé.
Hablamos en susurros, no nos atrevemos a levantar la voz. Las 2 mujeres nos miran y sonríen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario