miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuando no puedes más

-¿Por qué te portas así?
-Porque estoy cansada...
-¿Cansada de qué?
-Cansada de ser la débil, de ser la muda, de que todos los putos días me estén insultando y cuando no pegando. En esta vida o se es fuerte o te joden.
-Pero díselo al tutor.
-¿Crees que no se lo he dicho? Miles de veces. Pero pasan unos días y vuelven a las mismas.
-Tendré que ir yo a hablar con él.
-No, déjalo mamá. Las cosas del colegio se quedan en el colegio.
-Pero como sigas así, te van a expulsar.
-No...
La madre sale a la habitación y la chica se queda a solas en su habitación. Se vuelve a poner los auriculares y sigue escuchando música.
"Me van a respetar por mis narices"-piensa mientras la canción va sonando.
Imagina un mundo donde no hay bullying, un mundo donde nadie tenga miedo de ir al colegio. Todas las personas no se pueden llevar bien pero al menos que se respeten, que dejen a cada uno vivir a su manera y ser como es. Pero no, tenemos que ser todos un rebaño y hacer lo que dicten las modas o seguir al líder. Ya se ha cansado de aguantar y va a luchar por tener un puesto en ese colegio, en ese colegio sin que sea conocida por motes. Los motes pueden ser hirientes y pueden hacer tanto daño como una bofetada o un puñetazo. Y es algo que arrastras toda la vida y se va corriendo la voz y al final te lo llama todo el mundo. Antes de dormirse, quita la música. Mañana será otro día de colegio, pero está preparada para todo y no piensa quedarse de brazos cruzados. Va a luchar por su dignidad. Porque su dignidad vale tanto o más que los que se meten con ella.
Amanece un nuevo día y su despertador suena. Entre bostezos y con sueño, lo apaga y va al salón. Enciende la tele y va a la cocina a prepararse el desayuno: un tazón de leche con cereales. Cuando la leche está calentada, lo saca del microondas y se lo lleva al salón junto a los cereales. Desayuna viendo la tele O más bien finge que la ve porque se cae de sueño. Todos por la mañana parecemos un poco zombies y nos cuesta despertarnos.
Ha llegado la hora. Se coloca la chamarra y por encima la mochila y sale de casa. Le esperan muchas horas en el colegio porque come en el colegio. Al llegar, entra en el colegio y espera hasta que suene el timbre. Van llegando los demás de su clase y de otros cursos.
-¿Qué has traído para el recreo, mudita?
-¿Cómo te va a contestar si es muda?
Se arma de valor y le suelta:
-No he traído nada, ¿vale? ¿Y tú?
-¡Anda! Pero si la muda tiene voz... Espero que hayas traído dinero, que luego me tienes que comprar en la tienda.
La chica empieza a andar hacia la entrada porque ya ha tocado el timbre. La mochila le empieza a pesar, alguien se ha colgado de ella. Se da la vuelta y le ve sonriendo.
-Llévame, ¿no?
Le agarra la mano para quitársela, pero el otro chico que va con él se la coge apretándosela.
-Sé buena y no hagas nada. Porque sino vas a acabar muy mal, ¿eh zorra?
Llegan a clase y se suelta como si le hubiese ayudado a subir la mochila. Delante de los profes siempre quedan bien, como si no hiciesen nada. Ella tiene un nudo en la garganta, está a punto de llorar. No puede más con esto. Deja la mochila en el suelo, al lado de su mesa y se sienta.
-¡Verónica! Saca los libros.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no había oído a la profe. De mala gana se agacha a su mochila y saca los libros. Los deja caer en la mesa haciendo un ruido sordo.
-Trata los libros mejor.
-¡Joder!-dice al ver que la están haciendo burla y gestos.
-¿Cómo has dicho?
-¡Nada! ¡Déjame en paz!
-Buena venimos por la mañana... Tranquilízate, ¿quieres?
Pone la mano a un lado de la cara para que no la vean los que se meten con ella y le caen unas lágrimas por sus mejillas.
-Ven, por favor-la invita a salir fuera con ella la profe.
Ya estando fuera le pregunta que qué le pasa y Verónica se lo cuenta.
-Pero no puedes seguir así, ¿ya has hablado con tus padres?
-No.
-¿Y a qué esperas para contárselo?
-Yo puedo encargarme
-No, tú no puedes sola. Si necesitas ayuda, pídela. No pasa nada por pedir socorro alguna vez. Ve al baño y no permitas que te vean llorar y tú pasa de esos borricos.
-Gracias-dice sacando la primera sonrisa en mucho tiempo.

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