Eva vuelve a su sitio en la cueva para atraer a más gente para el sacrificio. Tiene que aprovechar las visitas para conseguir a más personas. En cuanto se acabasen las visitas, no irá más gente y no podrá hacer nada. Cada vez acude menos gente a su lamento porque la gente va a lo suyo y no se preocupan por los demás. Oye pedir ayuda a lo lejos. Vuelve a la casa para rodear y no toparse con los turistas y que no hagan preguntas. Se encuentra con las chicas que han ido con ella por el pasillo.
-Zer egiten duzue hemen? (¿Qué estáis haciendo aquí?).
-Eh... non dago logela? (¿Dónde está el salón?).
Eva pasa por delante de ellas, va rápido porque se conoce la casa. Las chicas tienen que aligerar para no perderla.
Llegan a una puerta, la abre.
-Hemen (Aquí).
Eva deja que pasen las chicas y se va por el pasillo para ir al pueblo. Llega a otra puerta, la abre y llega al bar familiar donde está su abuela.
-Neska, zer egin duzu hemen? (Niña, ¿qué haces aquí?).
-Laguntza eskatu entzun dut (he oído pedir ayuda).
-Bale (vale).
-Agur! (¡adiós!).
Eva sale del bar y sigue los gritos de ayuda para llegar a quien la esté pidiendo. Llega a un coche blanco pequeño. Antes de llegar al coche, se transforma en una chica joven. Sería raro ver a una niña sola y abriendo el maletero de un coche. Abre el maletero y ve a una chica atada de manos dentro. Sin decir ni una palabra la desata y la saca del maletero. La coge de la mano y se la lleva volando hasta la casa.
Estoy de pie observando el salón: los cuadros que tienen, los muebles son muy antiguos. Parece como si no estuviésemos en el siglo XXI. Es como si estuviésemos en el siglo XVI ó XVII. Pero eso no es posible. Simplemente les gustará las antigüedades a esta gente. Silvia está sentada en el sofá mirando a su alrededor, pero sin levantarse.
-¿No te parece esto un poco raro? No tienen corriente eléctrica ni nada que confirme que estamos en el siglo XXI...
-A mí me da igual. ¿Tú has visto que bien nos han atendido? Eso es lo que nos hacía falta a ambas...
-Sí, eso tienes razón. Pero... ¿y si son brujas?
-¿Y qué más da si lo son? Tú me dijiste una vez que no te daban miedo las brujas. Y si nos convierten, que sé que me lo vas a decir, a mí no me importa. Yo me quedaría a vivir aquí...-dice Silvia acomodándose en el sofá.
-La verdad es que yo también... ¿Y dónde se habrá metido Eva? Quedamos con ella en el ayuntamiento y no estaba cuando pasamos con el coche. No le habrá pasado nada, ¿no?
-No creo.
La puerta se abre de nuevo y vemos a una adolescente rubia, con medio lado rapado. La verdad es que me suena mucho esta chica. Detrás de ella entra una chica que me resulta muy familiar y veo que a Silvia también porque se echa hacia delante en el sofá.
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