Tras un rato, que me ha parecido una eternidad, abro los ojos y observo a mi alrededor. Estoy tumbada en una especie de camilla. Miro al techo blanco con su luz blanca y miro a los lados: primero a un lado donde veo una pared blanca y un biombo de hospital, después a la derecha donde veo a Dani tumbado en otra camilla con el torso al descubierto y conectado a una máquina. Me incorporo lo más rápido que puedo y viene una mujer con bata y me empuja de nuevo para que me tumbe.
-No se levante, señorita, que se va a marear.
-Pero, ¿cómo está?
-Se encarga de él la doctora Wilson, que ahora mismo no está-me dice anticipándose a mi pregunta.
-¿Despertará?
-Todavía es pronto para saberlo, pero espere hasta que llegue la doctora.
-¡No se puede morir!-le grito desesperada cogiéndola de la bata a la que está a mi lado.
-Señorita Simon, tranquilícese o tendré que pincharla para que se relaje.
-No se morirá, ¿verdad? Dígame que no se morirá... por favor...-le digo ya como una suplica.
-Sólo podemos esperar y tener paciencia.
La médico sale de esta sala de hospital, esta enfermería del barco. ¡Cómo si fuera tan fácil esperar! Como se nota que para ella o su colega sólo es un paciente más y están acostumbrados a que se le mueran los pacientes de vez en cuando. No os digo que no los intenten salvar, pero si no pueden hacer nada ya no se hacen responsables. Pero no entienden que para mí él es mi vida, mi salvador, mi héroe, el hombre por el que este viaje ha cobrado algún sentido en este inmenso barco. Está lleno de gente, pero me sentía sola. Ni mi familia ni mi prometido me entienden. Yo no quería realizar este viaje, yo no quería ir a Nueva York. Pero he conocido a Dani y quiero llegar junto a él a nuestro destino, ya sea Nueva York, Londres, como si es una isla desierta donde estemos él y yo. Pero que estemos él y yo disfrutando el uno del otro, de nuestros labios, nuestros cuerpos, decirnos te amo bajito susurrado al oído para gritarlo a los cuatro vientos.
-¡Te amo Dani Martínez!
Me da igual lo que me haya dicho esa médico. Me levanto de la camilla y me pongo al lado de Dani y le cojo la mano. Se la aprieto para que note que estoy aquí con él, que no me voy a alejar de él, ni le voy a abandonar. De repente noto un pañuelo en mi boca. Intento luchar contra quien esté detrás mío, pero mis fuerzas se van debilitando y me va entrando un sueño muy profundo hasta que ya es todo oscuridad y se me cierran los ojos.
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