Ya hemos llegado a la
habitación de Lucas. Entramos y Lala localiza a Lucas. Voy directo donde él y
le llamo. Le digo que nos vamos a casa, a buscar a mamá. Él me ha dicho que
Carlos le ha prometido que mamá va a venir a buscarnos. Yo no me lo creo. No va
a ser tan fácil encontrarnos con ella.
- Lucas,
¿en quién confías? ¿En Carlos o en tu hermano mayor?-le pregunto.
- Carlos
no es tan mal tío como tú te crees.
Pero
al final se levanta de la cama. Le doy las zapatillas y Lala el abrigo. Fuera
hace frío como para ir en pijama. Espero que no lleguemos tarde y podamos
salir. Lala nos mete prisa porque sino no tendremos oportunidad de escapar.
Primero
atravesamos el pasillo oscuro (consigo que Lucas lo cruce contándole una
historia para que su imaginación haga el resto), después bajar desde la ventana
por una cuerda hasta el suelo.
Lala
mira en la garita del conserje y nos dice que no están los cubos, los habrá
sacado ya. Se escuchan ladridos y la puerta principal se abre y aparece el
vigilante de seguridad. Nos da el alto cuando estamos en la verja. Lala ha
intentado abrir la verja pero está cerrada con llave. Ya no hay nada que hacer.
El
vigilante nos obliga a caminar delante de él y a entrar dentro. Nos lleva al
despacho del asistente social.
Oigo
tocar la puerta del despacho y le hago pasar a quien llama. Es Antonio con
Marco, Lucas y Lala. Se han intentado escapar. Le digo a Marco que entre al
despacho y se siente, mandando a Lucas y Lala esperar fuera. Voy a hablar con
ellos individualmente. Así no se pueden proteger mutuamente. Con esto, me
hablarán cara a cara, sin tapujos y sin coacción.
- Marco,
Marco, Marco. ¿Por qué has hecho esto? ¿Es que no querías ver a tu madre o qué
pasa?
- Mire,
yo no soy mi hermano pequeño. Tengo 10 años. No voy a creer tus mentiras como
él.
- A tu
hermano le he dicho la verdad como te la estoy diciendo a ti ahora.
- ¿Qué
mi madre va a venir mañana a buscarnos?
- Exactamente.
- No
me tome por imbécil.
- Cuidadito
el lenguaje, ¿eh? Mira, eres tan listo sabrás leer, ¿no? -Marco asiente con la cabeza.- ¿Qué pone
aquí? ¿Qué nombre pone aquí?
- Ana
Rodríguez Sabin.
- Ana
Rodríguez Sabin. Es el nombre de tu madre. Esto es un contrato de trabajo. La
localizamos esta tarde con los datos que nos dieron en el hospital. Está
trabajando en una casa, está allí de interna cuidando a unos niños. Fue a casa
de una amiga cuando salió del hospital, después le salió este trabajo y se
marchó.
- ¿Has
hablado con ella?
- Claro
que he hablado con ella. Tu madre está bien, Marco. En cuanto le he contado lo
que habéis hecho… lo ha dejado todo y se viene a buscaros. Mañana por la tarde
está aquí.
¿Qué
se habrá creído este niñato? Encima que velo por su seguridad, me lo agradece
así. Los niños de hoy en día son unos maleducados. Estoy a punto de decirle que
se puede ir para hacer pasar a su hermano Lucas pero me detiene.
Carlos
deja de hablar de una vez. ¡Por fin!, es un pesado. Me cuenta trolas sobre mi
madre. Yo sé que no está en la ciudad, nos lo dijo la mujer argentina cuando
Lala y yo fuimos a su casa.
- No
me lo creo. ¿Y quieres saber por qué me he intentado escapar? Me quería escapar
de ti, no verte la cara y buscar a mi madre. No me creo tus sucias mentiras.
- Marco,
no me hables así.
- ¿Por
qué? ¿Por qué tú lo digas? No te pienso hacer caso.
- Tal
vez me hagas caso cuando te diga que os voy a separar a tu hermano y a ti. Él
se irá con vuestra madre y tú te quedarás aquí. Harás trabajos sociales aquí,
estarás castigado sin salir al patio. ¿Quieres eso?
- Me
da igual.
- Conque
te da igual, ¿eh? Ya veremos cuando llegue mañana y veas a tu hermano irse de
aquí y tú no vayas con ellos. Puedes salir y dile a Lucas que pase.
Me
levanto de la silla y le miro con una mirada llena de odio. Odio a Carlos, se
cree con derecho a mandar en mi vida y él no es nadie para hacer eso. Ni
conmigo ni con mi hermano. Mi hermano, al ser pequeño, le cree. Lucas cualquier
cosa que le digan de mamá se la cree y se va con el primer desconocido que le
diga que la ha visto, la conoce o ha hablado con ella. Pero yo no. Yo ya sé más
de la vida que él. Ya veremos si es verdad lo que dice este tal Carlos y mañana
viene mamá. No le creo y no le voy a dar el gusto de que me vea culpable.
Porque llorar no voy a llorar.Veo a Marco salir de mi despacho. Sólo pasa apenas un momento antes de que entre ucas. Me ha desafiado. Ya veremos quién gana aquí. Aquí soy el adulto, quién manda en estos niños, quién decide en sus vidas. ¿Qué se creen para cuestionar mi autoridad? Lucas entra con la cabeza agachada. Por lo que veo en su actitud es que teme una regañina, una bronca. Pero nada más lejos que eso. Lucas no ha tenido la culpa de lo que su hermano Marco y Lala han hecho. Él sólo quiere a su hermano y haría lo que sea con él y por él.
- Lucas,
pasa y siéntate por favor-le digo con amabilidad.
Lucas
obedece pero sin decir nada al respecto.
- ¿Qué
ha pasado esta noche? ¿Por qué has hecho esto? ¿Tu hermano te lo ha pedido?
Nada,
sólo silencio como respuesta es lo que obtengo del niño.
- Tranquilo
Lucas, no te voy a hacer nada. Puedes confiar en mí. Mañana verás a tu madre.
Pero si me dices porque lo has hecho.
- Marco
me dijo que nos fuéramos para buscar a mamá. Yo sólo le seguí, no he hecho
nada.
- Tranquilo
Lucas. Ya sé que tú no tienes la culpa. Y como recompensa a que me lo has
contado, mañana por la tarde vendrá tu mamá a verte. ¿Te parece bien?
- Sí-
me dice mirándome a los ojos con una sonrisa.
- Ya
puedes volver a la cama y dile a Lala que pase, por favor.
- Adiós.
- Adiós
Lucas.
Este
crío es increíble. Cambia de actitud tan pronto como quien cambia cromos. Pero
aún es pequeño y tiene la inocencia de los niños. No como su hermano mayor que
se está convirtiendo en un chulito con actitud a desafiar a quien se le ponga
en su camino.
Veo
salir a mi hermano de su despacho.
- Lucas,
¿qué te ha dicho?
- Que
mañana va a venir mamá. ¿Ves como es verdad lo que decía Carlos? Es buen tío,
Marco.
- No
te fíes de él, Lucas. Nos quiere separar. Para él somos unos niños solos y sin
madre.
- No
nos va a separar y ya no quiero hablar más contigo.
Lucas
se va dejándome en la puerta del despacho solo y con más enfado aún que antes.
Ya ha entrado Lala al despacho y ahora no tengo a nadie con quien hablar, con
quien desahogarme. De modo que le doy un puñetazo a la puerta. Salgo corriendo
del lugar para que no me pillen. De repente, choco con alguien que me coge. Es
un monitor.
- ¡Suéltame!
Pero
el monitor me agarra más fuerte, cogiéndome en volandas. Creo que ha visto lo
que he hecho porque me lleva de nuevo ante Carlos. Llama a la puerta del
despacho.
Marco y Carlos de la serie Marco (Antena 3)
No hay comentarios:
Publicar un comentario