sábado, 18 de enero de 2014

Comienza la rebeldía de Marco


Oigo de nuevo la puerta sonar. Le hago pasar. Es Pedro, uno de los monitores. Trae a Marco cogido. Marco está revolviéndose en sus brazos.

-¿Qué ha pasado?
-Marco le ha dado un puñetazo a la puerta de su despacho- me explica.
-Está bien, Pedro. Ya me ocupo yo. Y gracias.

Marco es dejado en el suelo con gran dificultad por Pedro. Se resiste demasiado. Casi le da una patada al monitor.

-Está bien, Lala. Te puedes ir y mañana ya hablaremos.
-¿Qué ha pasado, Marco?
-¡Lala! Ya te puedes ir.
-Vale. Tranqui, tío.
-No me llames tío y sal de aquí de una vez.

Lala sale del despacho. Marco sigue de pie al lado de la puerta. La mira y me mira a mí. Veo sus intenciones. Pero antes de que pueda hacer lo que está pensando, le cojo por la cintura y le obligo a sentarse. Además cierro la puerta con llave.

-No quiero sentarme.
-Pues quédate de pie, no me importa.
-Ahora eres tú al que le da igual que me siente o que no me siente.
-Es que no te voy a obligar a sentarte si no quieres.
-Pero sí me obligas a quedarme aquí.
-Porque no puedes estar solo por ahí, Marco. Dime, ¿por qué te comportas así?
-Usted no es nadie para mandarme, no es mi padre ni mi amigo.
-Pero soy el asistente social y trabajo aquí. Así que no me contradigas.

 

Me han vuelto a traer al despacho de este pesado. Este asistente va a ser mi pesadilla. ¿Por qué no me deja irme a mi habitación de una vez? Me habla sin parar que Lucas va a ver a mi madre y yo no, que me voy a quedar mañana castigado, etc., etc., etc. Toda la gente que trabaja aquí son unos malditos.

-Bla, bla, bla, bla- le digo mientras me está echando su sermón.
-Cuidadito conmigo, Marco. O te tengo aquí trabajando conmigo hasta mañana. O pensándolo mejor…-dice levantándose- toma estos folios y vas a copiar esta frase “No me burlaré del asistente social”. Unas 200 veces.
-Pero…
-Nada de peros, empieza.

Cojo el boli que me ofrece y los folios. Empiezo a escribir la dichosa frasecita. No sé para qué me hace escribir esta tontería. Pero es mejor que no diga nada más, a ver si le doy lástima y me deja ir a dormir. Porque como me tenga toda la noche aquí, mañana no hay persona que me pueda despertar. Además yo tengo muy mal humor cuando me despiertan y, sobre todo, si es pronto o no he dormido mucho. Es muy aburrido y me empiezo a cansar la mano cuando llevo 50 veces. Sigo escribiendo una y otra vez. 75 veces, 100, 125…

 

Son las 2 de la madrugada y Marco aún está en mi despacho castigado. Decido que ya ha sido suficiente por hoy. Demasiado castigo para él y demasiado aguante por mi parte. Si en el fondo entiendo a Marco: sólo quiere encontrar a su madre, estar con ella y con su hermano Lucas. Lo que es estar en familia. Pero yo soy asistente social que ayuda a las familias, en los asuntos sociales en donde trabajo yo. No soy una hermanita de la caridad y no puedo mostrar lástima y dejar que la gente haga lo que le dé la gana.

-Marco, puedes irte a tu cama. Mañana todo lo que verás con otros ojos. Espero que recapacites en todo lo que ha pasado hoy y cambies de actitud.

Marco no dice nada, se limita a mirarme.

-¿Lo has entendido?
-Sí.
-Muy bien, hasta mañana.

Me levanto de la silla y voy a abrirle la puerta, ya que la he cerrado con llave. Marco sale del despacho y estoy otra vez en la soledad de este cuarto. Este muchacho me da qué pensar. A lo mejor no estoy haciendo lo correcto con él, a lo mejor no soy quién para inmiscuirse en sus asuntos familiares. Me queda tiempo para pensar en todo lo que ha ocurrido en mi guardia. Y sólo espero que no pase nada más. Sino esta noche podrías convertirse en una noche muy larga. Me siento de nuevo frente a mi escritorio a seguir con mi trabajo. Mañana me toca el turno de tarde y volveré a hablar con Marco y con Lala. A Lala me queda una conversación pendiente con ella por lo de la huida y con Marco… bueno ya veré qué hago con Marco. Mañana por la tarde es cuando viene su madre. Tal vez le deje verla y hasta ir con ella. Al fin y al cabo es su madre y yo no lo puedo retener aquí contra su voluntad.

 

Salgo del despacho y me dispongo a ir a mi cuarto. Ya es hora de dormir. No sé la hora que es, pues no llevo reloj. Pero debe ser tarde, es muy de noche y las farolas están encendidas. El cielo está oscuro iluminado con miles de estrellas. Las lámparas del pasillo están encendidas. Así no me doy con ninguna esquina, con ninguna puerta y puedo localizar mi habitación. Yo duermo en la habitación 16. Antes me quiero pasar por la habitación de mi hermano, la 7. Paso por delante de la puerta. La abro o no la abro. Me asalta esa duda. Pero al fin dejo a un lado mis desconfianzas y temores y abro la puerta de la habitación y entro. Mi hermano duerme en una de las camas centrales. Pero ya sé que cama es porque hemos venido antes a buscarle. Cuando estaba con Lala y nos íbamos a escapar. Observo a Lucas dormir tranquilamente. Estará soñando con mamá, con mañana que vendrá a buscarnos y nos sacará de aquí. Pero no sé si Carlos me dejará ir a mí también. Por lo que me ha dicho, me quiere dejar aquí castigado y trabajando. ¿No ve que soy muy pequeño para trabajar? Sólo tengo 10 años. Él ya es mayor para trabajar. Que trabaje él que tendrá unos 40 ó 50 años. No sé cuántos tendrá pero ya es viejo. Me pongo al lado de Lucas. El sueño empieza a hacer mella en mí, por tanto me voy a ir a mi cuarto a descansar en mi cama. Pero no me da tiempo a llegar. Me acuesto al lado de Lucas, en su cama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario