miércoles, 11 de junio de 2014

Mis niños... os echo de menos

Nunca me ha llegado tanto una canción como lo ha hecho esta noche "Mi pequeño compañero" de Daniel Diges. Me han llegado muchas otras, pero ésta es especial porque me acuerdo de mis niños. Esos pequeños alumnos que durante 3 meses hicieron mis días más felices. No había tiempo para estar triste porque ellos te contagiaban de su ternura, su inocencia, su sonrisa. Había que estar ahí para leerles cuentos, jugar con ellos, ayudarles a que hicieran lo que tenían que hacer y a veces obligarles. Recuerdo una vez que una niña se negó a pintar. Al final pintó pero desganada. No movía apenas la mano y pintaba todo el rato el mismo sitio. Estaba requetepintado ya. Pero a base de paciencia, lo conseguí. Y no sólo es un dicho lo de que lo que das, recibes. Yo recibí, y aún cuando voy de visita recibo, mucho amor por parte de todos los alumnos por lo que pasé estando de prácticas. Pero sobre todo de mis niños, mis chiquitines. Esos que apenas levantan un palmo del suelo. Son pequeños de estatura, pero grandes de corazón. Son los que todavía tienen ilusiones, viven de sueños y viven en su mundo de fantasía. Para ellos todo es más fácil (o al menos eso pensamos los que ya hemos pasado esa etapa y ya hemos llegado a adultos). No lo valoraba, pero yo era más fácil cuando era una niña, cuando sólo tenía que ir a clase y tener que hacer deberes y/o estudiar. Con eso ya estaba todo hecho. Cuando eres mayor, empiezan los problemas y las preocupaciones. ¡Qué fácil era hacer amigos en la primera infancia! Con preguntar si se podía jugar, ya tenías un amigo. Ahora es todo más difícil. Te tienes que enfrentar a tus problemas, al miedo a no ser aceptado, al maldito bullying. Por eso hay gente que se niega a crecer, eterno Peter Pan. Y he de reconocer que se vive mejor siendo niño eternamente que madurar. Madurar hace que la vida te dé palos y sé de lo que hablo. A pesar de no tener muchos años, ya he vivido cosas que no quisiera haber pasado.
Bueno que me voy del tema, soy de enrollarme lo sé y de desviarme de los temas. No sé cuándo podré hacer un hueco para irles a visitar de nuevo. Es lo que más me gustaría. Les echo un montón de menos. Les quiero mucho y sé que ellos también me quieren a mí. Los abrazos que me dan, me lo dicen, me lo demuestran. Mis pequeños se hacen mayores y van pasando de curso. Pero sé que les tengo ahí cuando quiera ir. Que me piden que trabaje incluso en su cole. No puedo por ser público, pero más me gustaría a mí. Y eso que con algunos no empecé con muy buen pie. Llegué a pasarlo mal. Pero cuando llegó el momento de decir adiós, a todos nos dolió. Muchas emociones ese último día de clase, último día también para mí. Y eso que alargué las prácticas 1 semana más. Acabé junto a ellos, cuando les dieron las vacaciones de Navidad. Habrán pasado 2 años, pero los recuerdos están ahí y las emociones también. Los llevaré siempre en el corazón y para mí siempre serán mis niños. Me cambiaron mucho la vida y la percepción que tenía de ellos. Gracias por los mejores meses de mi vida. Nunca os olvidaré porque habéis pasado a ser parte de mi vida. Os llevo en el corazón. Y aunque no nos veamos, recordad todo lo que vivimos porque estaré en cada recuerdo vuestro, en cada cosa que hagáis. Más me gustaría ir todos los días para estar con vosotros porque sois muy importantes para mí. Pero no puede ser y eso me parte el alma. Aún guardo vuestros regalos. La gente me dice que para qué lo guardo. No es lo que sea, es lo que significa.

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