martes, 20 de mayo de 2014

Ataque de risa en clase

Le tocaba hablar en ese momento a Marta. Marta había cambiado mucho en ese año. Ya no es lo que era ni volvería a serlo. Llega el turno de empezar. Empieza y se le traba la lengua, está nerviosa. Mira a la profe. La sonríe. Decide volver a empezar. Están en un ambiente distendido y de buen rollo. Los compañeros se ríen con ella. Sin quererlo ella, se ha convertido en la graciosa de la clase. Pero no la graciosilla. Es distinto. Están los típicos graciosillos a los que le ríen las gracias y lo hacen a propósito, los que fastidian el buen ambiente de la clase, los callados. Hay diferentes tipos de personas. Todos somos distintos y en nuestras distinciones está la clave. Marta empieza de nuevo a hablar. Tiene leer un texto. La profe la interrumpe porque la ha entendido mal. Aún no lo sabe, pero desencadenará a un conjunto de comentarios en clave de humor. A Marta le salen espontáneos, sin pensar. Marta es muy impulsiva y también un poco chinche. La clase prorrumpe en carcajadas. La profe la mira un poco mal, pero divertida. Sonríe y no lo toma en cuenta. Pero le aconseja que no diga todo lo que piensa, que no piense en voz alta. Marta ríe e intenta continuar. Pero no puede. Le ha dado el ataque de risa y no puede pararlo. La profe la manda ir al baño a tomar agua y que se tranquilice y manda leer a otro.
-No ha sido mi culpa eh? Me hacen reír...-dice antes de levantarse.
-¡Anda! Tira-le dice con tono de impaciencia.
Se sigue riendo, se levanta y sale de clase. En realidad no tiene ni idea de qué se ríe. Es verdad que le han contagiado la risa. Es muy propensa a reírse si alguien a su alrededor lo hace. Avanza por el pasillo aún riéndose, pero sin hacer ruido para que no le llamen la atención de otras clases. Al llegar al final del pasillo, da la vuelta y está dispuesta a volver a clase y dejar de reírse. Va a proponérselo y a conseguirlo. No quiere interrumpir más la clase y menos que la profe se enfade. Estaban de buen rollo, pero las bromas hay que saber pararlas a tiempo. Toca la puerta y le abren. Sonríe a la profe.
-¿Ya se te ha pasado?
-Sí.
-Eso espero...
Marta va a su sitio y se sienta. Habla con Clara, su compañera de al lado. Están haciendo un ejercicio que les ha mandado y para enterarse, ha preguntado que tenía que hacer.

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